Vida Cotidiana

a) Vestimenta

El traje que usaban los romanos constaba de dos piezas: indutus (interiores) y amictus (exteriores). En los comienzos estas prendas se reducían a la túnica y a la toga (consistía en un semicírculo de tela que dejaba el brazo derecho libre). Esta última en un comienzo era vestida por hombres y por mujeres, aunque después sólo el hombre la utilizaba, sin embargo ni los esclavos ni los plebeyos podían vestirla. Bajo la toga (ver “cómo vestir la toga”), y con un largo hasta la rodilla, llevaban la túnica, que ceñían con un cinturón y adornaban con una banda.

La mujer vestía una túnica o palla que le llegaba hasta los pies y solía estar confeccionada con lana, algodón o lino. Sobre ella llevaban la estola. Cuando salía de su casa se cubría con un manto que les dejaba el brazo derecho al descubierto. También utilizaban un abánico.

Las mujeres utilizaban distintos peinados: las jóvenes se recogían los cabellos en un nudo o en trenzas, pero las mujeres casadas preferían el peinado.
En cuanto a los zapatos, utilizaban sandalias, zuecos o zapatos, tanto hombres como mujeres. Se diferenciaban por el color y el curtido de la piel.

b) Alimentación

Tenían tres comidas al día: el ientaculum, el prandium y la cena. El ientaculum corresponde a nuestro desayuno, era muy simple, consistía en pan untado con ajo o sal o sin untar, ambos acompañados de un pedazo de queso.

El prandium consistía en un pan, carne fría, verduras y fruta acompañada con vino, pero todo ello en cantidades moderadas. Muchas veces se saltaban esta comida.

Para la cena consumían verduras en forma de ensalada o a la plancha y carne asada aromatizada con hierbas o a la plancha y/o pescado dependiendo de la época. A continuación pasaban a los postres, generalmente de frutas de la época acompañadas de vino.

c) Diversión

La principal diversión en Roma son los circos o los juegos circenses. En el circo hay deporte, pasión, ideas religiosas o políticas. El circo era un recinto alargado con gradas para los espectadores, y con una pista de arena dividida por un muro central. El circo más antiguo e imponente de Roma era el Circo Máximo, que contaba con un aforo de más de 385.000 espectadores. 

Quienes crearon los juegos en Roma son los reyes etruscos. Posiblemente tengan origen funerario para conjurar los poderes de ultratumba. Pero, con el paso del tiempo, se establecieron fechas fijas para su celebración, debiéndose sumar los espectáculos extraordinarios que habitualmente pagaba un particular para ganarse al pueblo. Estos juegos estaban regulados por el Senado para cumplir con el calendario fijado.

Los juegos duraban entre seis y ocho días, dependiendo de la celebración, ya que algunos duraban hasta dieciséis días. Las víctimas de los sacrificios, los aurigas y los atletas participaban en una procesión inicial donde se dejaba una muestra del lujo y el boato que rodeaba a los juegos. En un primer momento los juegos no tenían un lugar reservado para su celebración, eligiéndose el foro para presentar los combates de luchadores, cuya sangre tranquilizaría el espíritu de los muertos.

Los juegos comenzaban con un desfile inaugural por las calles de Roma desfile encabezado por el magistrado que ofrecía los juegos, quien, al llegar al Circo Máximo, declaraba inaugurado el espectáculo. Estos juegos solían incluir las siguientes competiciones: 

Ludus Troianus, que consistía en un simulacro de batalla entre los jóvenes de la aristocracia.

Exhibiciones ecuestres, acrobacias a caballo realizadas por jinetes expertos (desultores).

Carreras pedestres, en las que durante horas y horas los participantes daban cientos de vueltas a la pista del circo.

Carreras de carros, que eran el plato fuerte de los juegos. Los carros eran tirados por dos, tres o cuatro caballos. Cada carrera consistía en dar siete vueltas a la pista alrededor de la espina central. 

Estos espectáculos de carros enloquecían a la multitud, que se dividía en apasionadas facciones, cada una de ellas identificada por un color: los verdes, los azules, los rojos y los blancos. Bajo estos colores latían diferentes tendencias políticas y sociales: los azules solían representar a la aristocracia, mientras que los verdes eran seguidos masivamente por las clases populares. Los aurigas podían convertirse en auténticas estrellas si conseguían muchas victorias, y lo mismo sucedía con algunos caballos, a los que el público conocía y animaba como si fuesen personas. 

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